Basado en mi conocimiento y en lo que he entendido de todo el proceso sinodal, liderado por el Papa Francisco, considero que el Sensus fidei, la cogobernanza y la gestión de consensos y disensos en la Iglesia, solo pueden integrarse de manera prudente solamente asumiendo como objetivo de todo proceso de gobierno y de todo proceso pastoral realizar lo que Dios espera de nosotros. Si perdemos este objetivo prioritario del panorama de nuestras reflexiones, o como marco de nuestras intervenciones, o como luz de nuestras decisiones y acciones, el proceso sinodal o la sinodalidad de la Iglesia nos llevaría “a puertos incluso opuestos a Dios”; sería como dice la sabiduría popular QUIEN NO SABE HACIA DÓNDE VA, TERMINA EN CUALQUIER LUGAR.
Hablemos claro: según entiendo, lo que Dios revela en muchos versículos de la santa Biblia es que Él lo que más quiere es que todos los hombres se salven. Y salvarnos, entiendo, es ser liberados de toda maldad, ser purificado de todo pecado, es que lleguemos a ser imagen y semejanza de nuestro Señor Jesucristo, es que seamos perfectos o santos como lo es Dios. Todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y sigue haciendo es en la consecución de ese objetivo.
La escucha a todos, el diálogo, la cogobernanza, como características del proceso sinodal no son un objetivo en sí mismos, sino recursos necesarios entre humanos para lograr aquel objetivo divino y ser de esa forma verdaderos cooperadores en la obra divina.