QUE ME RESUENA.
El hecho de que Dios, se muestre como padre maternal a través de su hijo Jesús. Y que aquello hace más cercana la simpatía con el hombre. Es decir aquel que logra contemplar la luz de la vida, produce un encuentro transformador.
Además que el poder desarmado con el que se presenta Jesús, genera gran impacto en la vida de quienes conciben a Dios como padre maternal y no como un Dios lleno de normas y poder. Provocando la certezas en que Jesús, es el verdadero hijo de Dios y aquel quien con su vida y palabra nos muestra como el Reino se hace vida en el hombre.
QUE ME DISUENA.
Me desafía el hecho de ser neutra (tibia) o autoreferente en el seguimiento y no encarnar en mi vida el verdadero discipulado, que se entrega incondicionalmente a Dios ya al pueblo. Pero sobre todo me cuestiona el lenguaje de comunicación que utilizo con mis hermanos, que no muestran desde la vida cotidiana y trascendental mi camino con Jesús.
Me llena de gratitud el hecho de que Dios se fija en mi fragilidad y actua con misericordia benevolente ante mis alegrías y sombras. Porque ciertamente no poseo méritos para ser amada por él, sino, que el mismo hecho de ser su hija y esperar en él hace posible este gran gesto de amor.